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La electricidad estática podría ser la clave oculta tras las formas más raras de la naturaleza, jugando un papel principal en la evolución

Descubre cómo la electricidad estática podría haber moldeado la evolución de los membrácidos, insectos con las formas más sorprendentes de la naturaleza.

Los insectos conocidos como membrácidos llevan décadas desconcertando a científicos y naturalistas. Sus pronotos —esas prolongaciones que brotan de su tórax— adoptan formas tan extravagantes que parecen piezas de joyería o esculturas alienígenas. Espinas afiladas, cuernos ramificados, esferas suspendidas o crestas que recuerdan a tridentes. Hasta ahora, las explicaciones propuestas para esta diversidad morfológica incluían el camuflaje, la imitación de otros animales, la defensa física o la señalización visual. Sin embargo, ninguna de estas hipótesis encajaba como explicación universal para las más de 3.000 especies conocidas.

Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences aporta una idea tan sorprendente como sugerente: los pronotos extremos podrían actuar como sensores de electricidad estática. El trabajo, liderado por Sam J. England y Daniel Robert, demuestra que los treehoppers no solo pueden detectar campos eléctricos generados por otros animales, sino que sus formas exageradas amplifican esa sensibilidad. Según los autores, “sugerimos que el pronoto de los membrácidos aumenta la sensibilidad a los estímulos eléctricos” y que esta capacidad podría haber influido en su evolución.